22/5/09

22 de MAYO: DIA DE LA BIODIVERSIDAD




En junio de 1998 y durante 24 horas seguidas, un grupo de científicos se reunió para intercambiar conocimientos y elaborar un inventario de la diversidad biológica en un área cercana a Boston, EE.UU . Al año siguiente, la revista GEO de Alemania retomó la idea y organizó en Alemania, Austria y Suiza el primer “Día de la Diversidad Biológica”, convocando a científicos, estudiantes y miembros de la comunidad. Durante 24 horas, más de cien personas buscaron plantas y animales en un círculo de 12 Km. En sólo un día se encontraron más especies de las esperadas, en algunos lugares especies desconocidas para la ciencia o nuevas para el lugar. Por supuesto, estos eventos tuvieron un fuerte impacto en la opinión pública y su percepción de la diversidad biológica.

Fue tal el éxito de estas ‘maratones taxonómicas’ que al año siguiente el Día de la Biodiversidad se realizó de manera simultánea en 250 zonas de 7 países europeos (Austria, Italia, Alemania, Holanda, Luxemburgo, Polonia y Suiza). El evento congregó a más de 25.000 personas pertenecientes a institutos de investigación, universidades, museos, comunidades, grupos de jóvenes, alcaldías, ministerios del medio ambiente regionales y colegios en una participación masiva. Este trabajo conjunto promovió un intercambio científico que se ha convertido en facilitador de un mayor conocimiento de la biodiversidad.

Expandiendo esta experiencia, el Día de la Biodiversidad llegó por primera vez a América Latina en junio de 2001. La celebración, en Villa de Leiva, Colombia, fue organizada por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, la Alcaldía de Villa de Leyva y la Agencia de Cooperación Alemana GTZ. En ella participaron más de 800 científicos, estudiantes, ambientalistas y amantes de la naturaleza de toda Colombia.

En el evento, los participantes reportaron la identificación de cientos de especies; muchas desconocidas en el área y algunas nuevas para la ciencia. Estas especies fueron identificadas dentro de las tres diferentes zonas de vida que conforman Valle de Leiva, entre los 2145 y 3000 metros sobre el nivel del mar. Las tres zonas estudiadas fueron la zona seca compuesta por desiertos, la zona subhúmeda con parches de bosque nativo, y la zona húmeda con muestras de bosque montano y páramo seco.

                                               Foto de Pierre ARNOU en Pexels
                                Información tomada de Smithsonian Tropical Research Institute

17/4/09

R DE RECICLAR



"Reciclar no es nada nuevo,
lo que es nuevo es la necesidad de reciclar"



Todos sabemos que en la naturaleza se da una continua interacción entre los seres vivos y elementos como el aire, el agua y minerales, produciéndose una circulación ininterrumpida de materia. En cada ecosistema existen Productores-Consumidores y Descomponedores que permiten que los principales elementos, necesarios para la vida, se reciclen. En la naturaleza los desechos son constantemente reaprovechados. Todo es reciclado.

Con la aparición de la agricultura y la ganadería en el Neolítico, el humano ya no tuvo necesidad de desplazarse para conseguir alimento. Rápidamente, se crearon poblaciones - no espontáneas - que comenzaron a crecer y multiplicarse, produciendo una mayor cantidad y acumulación de desechos con dificultad para descomponerse y reciclarse.

En un principio los productos elaborados con materias primas como el cuero, madera, algodón y aun el hierro, cerámica... eran fácilmente asimilados y los residuos se reciclaban normalmente. Con el tiempo, la cantidad de residuos fue creciendo en forma alarmante y muchos de ellos, debido a su composición, comenzaron a ser peligrosos, los daños irreparables que estos desechos producen en los ecosistemas: contaminación de la tierra, agua, aire, envenenamiento de animales, plantas y por supuesto a la salud humana nos plantean la necesidad de reducir drásticamente su generación.

Durante años los especialistas en manejo de residuos sólidos se han ocupado sólo de la basura generada por hogares, comercios e industrias. El tratamiento seguro y eficiente de residuos de las C&D ha estado ignorado. Grandes cantidades de desechos edilicios y de la construcción se generan en las demoliciones, remodelaciones y construcciones nuevas, como así también en los desastres naturales y tecnológicos. Tomados en su conjunto estos residuos sólidos alcanzan cantidades inimaginables.

No contamos con datos estadísticos en nuestro país pero por ejemplo en la C.E.E. se producen 190/200 millones de toneladas anuales de residuos en forma de desechos de la construcción y de los escombros de demolición. 0 sea unos 550 kg/habitante/año. Esta cifra excede la cantidad de basura producida por un hogar en un año. En EEUU se generan más de 100 millones de toneladas de este tipo de residuos aL año. 

El sector de la Construcción, quizá sea uno de los primeros en reciclar o reutilizar los materiales de los edificios. Los romanos recuperaban los materiales provenientes de viejas edificaciones para luego reutilizarlos en la construcción de edificios públicos. Existen muchas evidencias que confirman que la recuperación y posterior reutilización de materiales de C&D han sido una práctica habitual desde siempre pero con criterios simplistas, no sustentables, sin tener en cuenta la problemática medioambiental y el desperdicio de energías mayoritariamente no renovables que, la situación genera.

Se sabe que una cantidad muy grande de esta energía es utilizada en el proceso de las construcciones. Pero, recién a partir de la crisis del 73, en los países desarrollados, varía abruptamente la apreciación sobre el COSTO, la DISPONIBILIDAD y los RIESGOS AMBIENTALES derivados de estas energías.

Desde entonces, muchos países han puesto todo su esfuerzo en reducir la 'ENERGIA OPERATIVA' con la idea de atrapar y conservar el aire caliente y frío de los interiores de viviendas y oficinas. En comparación, no se le ha dado importancia en reconocer y reducir el impacto ambiental que provocan las llamadas "ENERGIAS INCORPORADAS". La importancia de esta energía crece, desde el punto de vista económico y ambiental, a medida que se cuantifica y analiza en profundidad.

Al mencionar el concepto de Energías Incorporadas, nos referimos a aquellas energías requeridas para extraer y procesar el material virgen, crudo, tanto para transportar el producto terminado al lugar de trabajo e instalarlo. Todo comienza a ser parte del costo de la Energía Incorporada de la estructura terminada.

Aun más, es la energía que se utiliza para la fabricación y mantenimiento de un componente de la construcción y la remoción y disposición al final de su ciclo de vida.

El aumento de emisiones del tipo de gases invernadero, como resultado del uso de esta energía representa un importante impacto indirecto de las construcciones sobre el medio ambiente. Se estima que el 80% de toda la energía necesaria para producir una construcción es usada en la fabricación y transporte de materiales. Los procesos de construcción en la obra, ocupan la mayor parte del 20 % restante.

En el aspecto económico, el transporte de desechos de las C&D eleva los costos de obra. Las operaciones de manejo, transporte y disposición final de estos residuos durante las obras y más particularmente en proyectos de demolición representan un caso muy significativo en los presupuestos.


Texto escrito por Prof. Sebastián Presti
y tomado de
Ecoportal.net

20/2/09

¿QUE SUCEDERIA?




¿Qué sucedería si de pronto desaparecieran todas las grandes ciudades?

Junto con las megaciudades desaparecerían los atascamientos de tránsito

No habría más apretujones en los trenes ni en los autobuses

Los edificios altísimos dejarían de molestar a las nubes, sus ascensores ultraveloces también desaparecerían. 

No habría más trenes subterráneos, ni villas miseria, ni “shopping”, ni grandes marquesinas tan iluminadas como un escenario de teatro.

Volveríamos a ver el cielo, quizás hasta alguna estrella brillara todavía...

El sol, la luna y también los rayos se verían

Y si en vez de mirar hacia arriba, lo hiciéramos hacia abajo, volveríamos a ver la hierba, la tierra misma estaría ante nuestros ojos, porque seguro que todos estos años ha continuado allí, debajo del asfalto, esperando que algún día el gris nos cansase y quisiéramos volver a verla.

Habría mas huertos familiares.

Volveríamos a escuchar el canto de los pájaros, a dormir la siesta y a tener tiempo para vivir la vida.
Mas bicicletas, mas triciclos también habría. Pero eso no es todo, si miráramos a nuestra altura también algo descubriríamos.

Nos daríamos cuenta que otras personas viven en la casa de al lado y también en la de enfrente.

Nos daríamos cuenta que el carnicero y el frutero pueden recordar nuestro nombre y que también somos capaces de hacerlo con los suyos.

Incluso descubriríamos con asombro que algunos de ellos hasta tienen la falcultad de recordar nuestros gustos, la amabilidad de saludarnos y hasta de preguntar por nuestras familias.

Si desaparecieran las grandes ciudades no habría más paseadores de perros y el césped sintético ya no existiría.

Ni mega discotecas, ni mega estacionamientos, ni mega mercados, ni mega basurales, ni mega plantas potabilizadoras de agua, ni mega aeropuertos; la misma palabra mega creo que desaparecería.

Habría menos violencia, menos miseria, menos hambre, y hasta menos ruido.

Eso si, seguiría habiendo gobiernos.

Aunque seguramente conoceríamos a cada uno de los que representaran a nuestro pueblo o al menos podría darnos una referencia algún amigo. Los elegiríamos conociéndolos y los cambiaríamos si no gobernaran bien. También habría más solidaridad y menos soledad.

Mas clubes de barrio, sociedades de fomento, árboles para trepar, charcos de barro donde chapotear descalzos; amaneceres para deleitarnos y atardeceres para enamorarnos.

Todo eso y mucho más cambiaría, si desaparecieran las grandes ciudades.

Pero no van a desaparecer, están ahí y son la consecuencia directa de un modelo de desarrollo insostenible. 

Creemos que llegó la hora de cambiar ese modelo, por el de un desarrollo a escala humana con huertas y campesinos, con ríos y pescadores artesanales, con pequeñas ciudades de casas con jardines y patios, donde todos nos conozcamos.

Cambiar por un modelo de desarrollo ambientalmente sostenible, donde todos podamos tener una vida digna. Entonces las mega ciudades se irían vaciando y achicando hasta quedar solo algunas partes, como gigantes y mudos testigos de una forma de vida a la que la humanidad nunca debería volver...


Foto de Taryn Elliott en Pexels